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8 tips para una innovación docente auténtica

Siempre me consideré un fan de la innovación. La innovación docente está en la boca de todos los que trabajamos en el ámbito de la educación. A buena parte del profesorado se le está empujando en esta dirección, pero lo cierto es que, además de un sector inmovilista que no está por la labor, se está produciendo lo que llamo un atropello innovador en el que llegan demasiadas cosas en poco tiempo, se disparan demasiados tiros al aire, y no siempre con el resultado esperado. 

No seré yo el que diga que no procede la innovación, la escuela necesita un cambio, pero lo importante de este cambio es el “para qué”; esta entrada no va dirigida a los que pasan de llevar la innovación a sus aulas si no es con cuentagotas. Va dirigido a tantos centros y docentes que piensan que hay que cambiar, pero tal vez, no saben cómo. Algunos adoptan una metodología de aprendizaje basada en proyectos, otros estrenan determinadas apps educativas, muchos optan por un bilingüismo, otros introducen las tablets en las aulas y ya parece que con ellos somos “lo más”; hay continuas formaciones de todo tipo y color, pero la sensación es que pocas cosas cuajan y que no da tiempo a digerirlo (infoxicación) o siquiera a probar los resultados de cada acción. 

Por otro lado, existe la sensación de estar “en la resistencia”; todos nos vamos dando cuenta de la necesidad de cambiar, pero por un lado el sistema sigue valorando lo mismo de siempre, y en Bachillerato hay que puntuar sobre los 14 puntos. Por eso se produce una apasionada rebelión contra la forma imperante de entender nuestras escuelas, pero alocada, poco eficaz y habitualmente desconcertante; en fin, una lucha en la sombra en la que cada centro y en última instancia, cada profesor, quiere dar pasos, pero no se sabe muy bien hacia dónde.  

Si se tratase de una imagen bélica, imagino a todos provistos de armas dando gritos, corriendo de un lado para otro, pero sin saber hacia dónde ir, qué estrategia realizar o a qué “enemigo” batir.  

Y es que da la impresión de que sabemos más lo que no queremos que lo que queremos. No queremos fracaso escolar, ni desmotivación en las aulas, no queremos bulliyng, no queremos aprendizajes llamados a morir, no queremos quedarnos atrás… pero, ¿sabemos lo que queremos? 

La palabra innovar viene a significar “acción de cambio que implica novedad”. Si hablásemos de una comida, podríamos pensar en comenzar por el segundo plato, luego el postre, y finalmente el primer plato. Este cambio atiende a la definición. También podríamos introducir cubertería y mantel nuevos. O quitar el segundo plato. O beber exactamente treinta minutos antes y luego, nada más. O añadir un bonito decorado de sirope al plato del postre. ¿Todo esto es innovación? Algo parecido está pasándonos en la educación. Pongamos unos sofás aquí. Música por allá. Pintemos esta pared de azul y aquella de amarillo. Hagamos buenas preguntas. Pasemos un Kahoot. Probemos el aprendizaje cooperativo… “¡ah!  pero solo en primaria de momento”. Hay que gamificar. Colguemos del techo de clase 100 pokémons. Pongamos Robótica. ¿Chino?  

No entro a juzgar si estas acciones son innovadoras o no. Lo que siento, es que hay una casi total ausencia de hacernos preguntas realmente importantes, que es el primer paso que deberíamos hacernos. Preguntas básicas, pero cruciales como: ¿qué escuela deseamos, principalmente y por encima de todo? ¿Cómo nos gustaría que salieran de aquí nuestros alumnos? ¿qué experiencia no pueden haberse perdido de ningún modo? 

Creatividad sí, pero ¿para qué? 

  • ¿Para subir los índices Pisa?
  • ¿Para dar “el pego” a los padres que nos visitan? 
  • ¿Para parecer diferentes al resto y distinguirnos? 
  • ¿Para luego decir una cosa y hacer la de siempre? 

Supongo que es hora de mojarme. En esta web puedes ver algunas propuestas. Como ya puedes imaginar, abogo por una educación más imaginativa, más creativa, pero pienso que si no contribuye a cambiar el mundo, de poco vale. Así de claro. Y mientras no modifiquemos algunos paradigmas por largo tiempo establecidos, será difícil, puesto que hay corrientes totalmente opuestas, pero ésta es otra historia de la que hablaré más adelante. 

¿Qué tipo de innovación docente va en buen camino? 

  1. Es innovación cuando se han hecho preguntas previamente. Preguntas como ¿Qué personas deseo formar? ¿esto ayudará a despertar su curiosidad? ¿terminarán acomodándose? ¿esta metodología o esta tecnología, evitará el contacto humano o ayuda a relacionarse? Algunos colegios optan claramente por los resultados académicos, otros por la excelencia, otros por ser ante todo personas con valores, otros por educar con las tres C (capacidades, competencias, corazón); en cualquier caso, hay que tener claro lo que deseamos, nuestra misión. 
  2. Aquella que se prueba primero “en pequeño. Nos lanzamos a probar todo a lo grande, sin realizar pequeños estudios experimentales, pruebas piloto sobre las que ir rectificando, aprendiendo y perfeccionando. Y en la medida de lo posible, partiendo de teorías o del propio conocimiento científico. 
  3. Aquella en la que se evalúan los resultados. Si no evaluamos, no sabemos el efecto real que ha tenido. Está bien probar cosas en el aula y lanzarse a ello; pero es necesario evaluar. Y esto es una invitación a que todo aquel que se considere profesor investigue sobre su propio aprendizaje. Sin medir, sin hacer ciencia, seguimos jugando a la lotería. 
  4. Aquella que se propone como un cambio cultural progresivo, apasionado y apasionante. Muchos centros deberían tomar el pulso al claustro antes de tomar ciertas decisiones y aventurarse. Antes de llegar a la innovación, que estaría en la etapa última del desarrollo según Maslow y ligada a la autorrealización, puede ser que haya que transitar por otras etapas.  

En clave educativa hablaríamos primero de cubrir necesidades fisiológicas (que el docente pueda descansar, que tenga tiempo para comer, momento y espacio relacionarse con los demás compañeros), en segundo lugar ofrecer seguridad al docente (económica, estabilidad, derecho a probar y equivocarse), en tercer lugar, sentirse parte de un equipo, de una causa importante. En cuarto lugar, vendría reconocer las cosas, no caer en la mediocridad de no resaltar lo que se hace bien para no crear envidias; al revés, favorecer las buenas prácticas para ayudarnos unos a otros a seguir creciendo. Y finalmente, la autorrealización, el desarrollo creativo de cada uno y la innovación. Exigir cuando no se está más que en el primer o segundo nivel, no parece lo más recomendable. 

5. Aquella que lleva al docente a dar lo mejor de sí. A veces seguimos introduciendo recursos, rúbricas, nuevas TICS, y nuevas ideas, pero ¿hemos dado un paso claro y sincero para mejorar algo de lo que hacemos, decimos o somos en el aula? La innovación docente, debería ser primero y ante todo, interior y personal. No tiene mucho sentido hablar de introducir el ipad o un proyecto determinado, cuando sigo comunicándome como si fueran “críos”, o sin acaso escuchar y atender a las diferencias de cada uno, o simplemente sin creer en lo que hago. O cuando debo poner un poquito de equilibrio emocional en mi persona y en mi vida. Y es que posiblemente, la mejor innovación docente que puede hacer un profesor dentro del aula un curso, es volver a sentirse persona, volver a respetarse a sí mismo y recuperar, tal vez, la ilusión por la gran tarea que tiene entre manos. Los alumnos cuando se marchan, no suelen recordar las horas frente a la pantalla, sino cómo les miramos, escuchamos o qué pasión pusimos en nuestro empeño. 

6. Aquella que sitúa en el centro al ser humano; y por ello y ante todo, aquella que humaniza. Esta me parece clave, y por ello, pienso que deberíamos pasarlo por este filtro. Diferenciar de si algo suma o solo es ruido y fuegos artificiales. Que por ejemplo, ¿dices que esa aplicación contribuye a hablar más con los abuelos o los padres? ¡adelante!  

7. Aquella en la que hacemos partícipes de la aventura a los propios protagonistas y a sus familias. Ya que es una cuestión de todos, y algunos por miedo o respeto a la incertidumbre de los resultados, prefieren no compartir abiertamente la novedad. Considero importante compartirlo como aventura que es. 

8. Aquella que contribuye a alinearnos con las respuestas que nos hicimos al principio.  En definitiva, a ser coherentes, con el camino que deseamos marcar si atendimos al punto primero, 

En fin, porque no todo vale, porque no deberíamos llamarlo a todo innovación docente, porque aunque incluso detrás de una acción puede esconderse una innovación “indecente”, os invito a innovar a tope… pero con una brújula en la mano, y no de cualquier modo.