«ImaginAcción» | 10 claves para la creatividad en la educación

«ImaginAcción» | 10 claves para la creatividad en la educación

1. Todo comienza en nuestra imaginación

Y es que la imaginación nos distingue de cualquier animal, es la herramienta más poderosa. En el método, no es un añadido, se convierte en parte clave del aprendizaje. La imaginación evoca, provoca, impulsa, nos emociona, es nuestro motor.

Shakespeare diría que “estamos hechos de la misma materia que los sueños”.

2. La imaginación y lo imaginado

Sin llevarlo a la acción, no tiene sentido. Nos termina alejando de nuestro ser auténtico; es como Walter Mitty, el personaje de la película que vivía constantemente en su burbuja imaginaria, pero llevaba una vida gris, monótona sin dar “el paso adelante”. Es como el médico que no quiere curar o el pájaro que no vuela.

3. La mirada imaginativa

Hablamos de una mirada que camina hacia una transformación del mundo, de nuestra sociedad, que comienza por uno mismo.Transformar tanta rivalidad, violencia y rencor por cooperación, empatía, creatividad, en definitiva, humanizar nuestro entorno, erradicar este nuestro egocentrismo, fuente de tantos males. El amor, esa palabra tan maltratada, transforma nuestras vidas, es la verdadera energía que mueve a las personas y la visión de la vida.Imaginar para provocar un cambio, primero interno, y luego externo.

4. Cambio de paradigma

¿Por qué no valernos de los contenidos para enseñar algo más importante? El eje principal, y sobre todo en la escuela, debe ser el valor o fortaleza (que diría Seligman) que deseamos desarrollar. Como el músculo en el gimnasio, los valores están latentes o al menos, tienen un potencial que espera a ser “entrenado”; son fortalezas porque nos dan además herramientas para la vida.

Imagina que un gran meteorito fuera a impactar con la tierra, y solo nos quedaran unas semanas de vida, y supieras que solo sobrevirán apenas un grupo de cincuenta niños. ¿Les enseñarías ecuaciones? ¿solfeo? ¿geografía?

Supongo que haríamos lo posible por sentar las bases de una nueva civilización en la que, además de sobrevivir, pudieran crecer (en todos los sentidos) y cuidar unos de otros. En el método, se sugiere un “mapa de valores” como punto de partida y norte, según momento evolutivo, pues “cada fruta tiene su ritmo y temporada” o lo que es lo mismo, cada valor tiene su momento.

Viene al pelo la cita del autor de El Principito, “si queremos ver un mundo de paz y justicia, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”.

5. Creatividad con mayúsculas

El modo de transformarnos y actualizar nuestro potencial es la Creatividad, con mayúsculas. Como señala Herrán (2000), no hablamos de una creatividad más superficial, utilitaria, con el fin de conseguir una versión mejorada de un producto, de algo que enseñamos o simplemente de algo que elaboran los alumnos.

Hablamos de esa Creatividad que maravillosamente expresa Blay (1963)“resultado de expresar espontáneamente las fuerzas que nos hacen vivir cada instante de un modo nuevo, con una fuerza limpia y fresca, que brota libremente del interior… como el niño que vive desde la actitud libre de condicionamientos”, que te permite modificar la perspectiva de las cosas.

6. El escenario para la Creatividad

Buscamos un escenario que transforme y actualice nuestro interior de forma constante, y eso lo debe cultivar el docente desde el primer minuto. ¿Cómo? Imagina que tienes mucha hambre y te diriges a un restaurante. Cuando te dispones a pedir la carta, el camarero aparece sudoroso, y gritándote, te señala que solo hay calamares mientras de una sartén recoge con sus manos un puñado de aros y te los planta bruscamente en un plato. Bien, esta grotesca escena, de forma exagerada es en lo que a veces convertimos las aulas. No hay poesía, ni libertad, ni cuidado del detalle, ni por supuesto, lo más importante el trato personal.

Pues eso, más magia, más emoción, más detalle (¿o vocación?), más posibilidad de que el alumno pueda elegir, y sobre todo que, coma o no “calamares”, o lo que sea, sienta que es querido; y es que la confianza sincera es el mejor regalo que podemos hacer a un alumno y a cualquier persona. La confianza genera protección, seguridad, autoestima y el espacio para mejorar nuestro autoconcepto y seguir creciendo. Y la confianza requiere decir “hasta luego miedos”; porque está sobrevalorado ese “estar formalitos y bien sentados”, en el que nos mantenemos a seguro. Como dicen, los barcos están seguros en la orilla, pero fueron hechos para navegar.

7. Inspirar es el comienzo

No es tanto generar emociones en el aula, que también es importante, sino sobretodo, enseñar con emoción que diría nuestro neurocientífico Francisco Mora (2017), pues como genialmente resume, “se aprende lo que se ama”, y es que hoy sabemos que“el cerebro solo aprende si hay emoción”.En “Imaginacción” nos inspiramos, sobre todo,gracias a dos herramientas:

Historias que cautivan, que elevan, que nos invitan a mirar con otros ojos y sobre todo, con el corazón. Se presentan ejemplos para cada edad y valor a “entrenar”.

Visualizaciones creativas, que generan una huella cerebral, a través de una historia (hay más de 30 para cada edad y valor a desarrollar), que cada uno vive desde dentro a su modo y manera, y que impregna del aroma interno y externo de lo que se desea vivir en el aula. Como expresaba Saint-Exupéry, antes de construir un barco, sería bueno “provocar el anhelo del mar libre y ancho”.

8. Las etapas del viaje de la creatividad

Cada etapa del aprendizaje y las que se proponen en el método, se asemejan al viaje de un velero, sometido sí, a los caprichos del viento, unas veces favorable otras no, pero en el que el “capitán” o líder del barco, termina por hacerse a un lado, para que la tripulación asuma el mando y sea protagonista de viaje y destino; esto, se hace de modo progresivo.

9. Aprendizaje real, aprendizaje-servicio

El aprendizaje debe ser un proceso de crecimiento para la vida real. Y eso quiere decir que no tiene sentido sino sale de la cabeza o de nuestras aulas. El llamado aprendizaje – servicio es la llave que nos conecta con esa sociedad diferente que soñamos. En esta propuesta se muestran muchos ejemplos, pero lo importante al final, es ese salir de la zona de confort, exponerse y entregarse uno mismo a los demás, tratando de contribuir, aunque sea una pizca, a mejorar algo o alguien de nuestro entorno próximo. Porque, al igual que en esa travesía del velero que señalaba, en un verdadero viaje, si algo no se ha movido “ahí dentro”, es que no ha habido Viaje con mayúsculas.

10. El método es el maestro

Finalmente, este método como cualquiera, es una propuesta, una herramienta, una invitación para llegar a cada alumno. Ningún método tiene valor sin dos claves, que dependen del maestro. Y es que, al final, el método es el maestro; un maestro que, por encima de todo, debe hacer por lograr el complicado arte de que el alumno: se sienta querido, y se sienta capaz.

Bibliografía:
Blay, A (1992) La plenitud creadora. Indigo. Barcelona.
Herrán, A. (2000) Hacia una creatividad total.Arte, Individuo y Sociedad 2000, 2: 71-89
Mora, F. (2017) Neuroeducación: sólo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.Madrid.

8 tips para una innovación docente auténtica

8 tips para una innovación docente auténtica

Siempre me consideré un fan de la innovación. La innovación docente está en la boca de todos los que trabajamos en el ámbito de la educación. A buena parte del profesorado se le está empujando en esta dirección, pero lo cierto es que, además de un sector inmovilista que no está por la labor, se está produciendo lo que llamo un atropello innovador en el que llegan demasiadas cosas en poco tiempo, se disparan demasiados tiros al aire, y no siempre con el resultado esperado. 

No seré yo el que diga que no procede la innovación, la escuela necesita un cambio, pero lo importante de este cambio es el “para qué”; esta entrada no va dirigida a los que pasan de llevar la innovación a sus aulas si no es con cuentagotas. Va dirigido a tantos centros y docentes que piensan que hay que cambiar, pero tal vez, no saben cómo. Algunos adoptan una metodología de aprendizaje basada en proyectos, otros estrenan determinadas apps educativas, muchos optan por un bilingüismo, otros introducen las tablets en las aulas y ya parece que con ellos somos “lo más”; hay continuas formaciones de todo tipo y color, pero la sensación es que pocas cosas cuajan y que no da tiempo a digerirlo (infoxicación) o siquiera a probar los resultados de cada acción. 

Por otro lado, existe la sensación de estar “en la resistencia”; todos nos vamos dando cuenta de la necesidad de cambiar, pero por un lado el sistema sigue valorando lo mismo de siempre, y en Bachillerato hay que puntuar sobre los 14 puntos. Por eso se produce una apasionada rebelión contra la forma imperante de entender nuestras escuelas, pero alocada, poco eficaz y habitualmente desconcertante; en fin, una lucha en la sombra en la que cada centro y en última instancia, cada profesor, quiere dar pasos, pero no se sabe muy bien hacia dónde.  

Si se tratase de una imagen bélica, imagino a todos provistos de armas dando gritos, corriendo de un lado para otro, pero sin saber hacia dónde ir, qué estrategia realizar o a qué “enemigo” batir.  

Y es que da la impresión de que sabemos más lo que no queremos que lo que queremos. No queremos fracaso escolar, ni desmotivación en las aulas, no queremos bulliyng, no queremos aprendizajes llamados a morir, no queremos quedarnos atrás… pero, ¿sabemos lo que queremos? 

La palabra innovar viene a significar “acción de cambio que implica novedad”. Si hablásemos de una comida, podríamos pensar en comenzar por el segundo plato, luego el postre, y finalmente el primer plato. Este cambio atiende a la definición. También podríamos introducir cubertería y mantel nuevos. O quitar el segundo plato. O beber exactamente treinta minutos antes y luego, nada más. O añadir un bonito decorado de sirope al plato del postre. ¿Todo esto es innovación? Algo parecido está pasándonos en la educación. Pongamos unos sofás aquí. Música por allá. Pintemos esta pared de azul y aquella de amarillo. Hagamos buenas preguntas. Pasemos un Kahoot. Probemos el aprendizaje cooperativo… “¡ah!  pero solo en primaria de momento”. Hay que gamificar. Colguemos del techo de clase 100 pokémons. Pongamos Robótica. ¿Chino?  

No entro a juzgar si estas acciones son innovadoras o no. Lo que siento, es que hay una casi total ausencia de hacernos preguntas realmente importantes, que es el primer paso que deberíamos hacernos. Preguntas básicas, pero cruciales como: ¿qué escuela deseamos, principalmente y por encima de todo? ¿Cómo nos gustaría que salieran de aquí nuestros alumnos? ¿qué experiencia no pueden haberse perdido de ningún modo? 

Creatividad sí, pero ¿para qué? 

  • ¿Para subir los índices Pisa?
  • ¿Para dar “el pego” a los padres que nos visitan? 
  • ¿Para parecer diferentes al resto y distinguirnos? 
  • ¿Para luego decir una cosa y hacer la de siempre? 

Supongo que es hora de mojarme. En esta web puedes ver algunas propuestas. Como ya puedes imaginar, abogo por una educación más imaginativa, más creativa, pero pienso que si no contribuye a cambiar el mundo, de poco vale. Así de claro. Y mientras no modifiquemos algunos paradigmas por largo tiempo establecidos, será difícil, puesto que hay corrientes totalmente opuestas, pero ésta es otra historia de la que hablaré más adelante. 

¿Qué tipo de innovación docente va en buen camino? 

  1. Es innovación cuando se han hecho preguntas previamente. Preguntas como ¿Qué personas deseo formar? ¿esto ayudará a despertar su curiosidad? ¿terminarán acomodándose? ¿esta metodología o esta tecnología, evitará el contacto humano o ayuda a relacionarse? Algunos colegios optan claramente por los resultados académicos, otros por la excelencia, otros por ser ante todo personas con valores, otros por educar con las tres C (capacidades, competencias, corazón); en cualquier caso, hay que tener claro lo que deseamos, nuestra misión. 
  1. Aquella que se prueba primero “en pequeño. Nos lanzamos a probar todo a lo grande, sin realizar pequeños estudios experimentales, pruebas piloto sobre las que ir rectificando e ir aprendiendo y perfeccionando. Y en la medida de lo posible, partiendo de teorías o del propio conocimiento científico. 
  1. Aquella en la que se evalúan los resultados. Si no evaluamos, no sabemos el efecto real que ha tenido. Está bien probar cosas en el aula y lanzarse a ello; pero es necesario evaluar. Y esto es una invitación a que todo aquel que se considere profesor investigue sobre su propio aprendizaje. Sin medir, sin hacer ciencia, seguimos jugando a la lotería. 
  1. Aquella que se propone como un cambio cultural progresivo, apasionado y apasionante. Muchos centros deberían tomar el pulso al claustro antes de tomar ciertas decisiones y aventurarse. Antes de llegar a la innovación, que estaría en la etapa última del desarrollo según Maslow y ligada a la autorrealización, puede ser que haya que transitar por otras etapas.  

En clave educativa hablaríamos primero de cubrir necesidades fisiológicas (que el docente pueda descansar, que tenga tiempo para comer, momento y espacio relacionarse con los demás compañeros), en segundo lugar ofrecer seguridad al docente (económica, estabilidad, derecho a probar y equivocarse), en tercer lugar, sentirse parte de un equipo, de una causa importante. En cuarto lugar, vendría reconocer las cosas, no caer en la mediocridad de no resaltar lo que se hace bien para no crear envidias; al revés, favorecer las buenas prácticas para ayudarnos unos a otros a seguir creciendo. Y finalmente, la autorrealización, el desarrollo creativo de cada uno y la innovación. Exigir cuando no se está más que en el primer o segundo nivel, no parece lo más recomendable. 

  1. Aquella que lleva al docente a dar lo mejor de sí. A veces seguimos introduciendo recursos, rúbricas, nuevas TICS, y nuevas ideas, pero ¿hemos dado un paso claro y sincero para mejorar algo de lo que hacemos, decimos o somos en el aula? La innovación docente, debería ser primero y ante todo, interior y personal. No tiene mucho sentido hablar de introducir el ipad o un proyecto determinado, cuando sigo comunicándome como si fueran “críos”, o sin acaso escuchar y atender a las diferencias de cada uno, o simplemente sin creer en lo que hago. O cuando debo poner un poquito de equilibrio emocional en mi persona y en mi vida. Y es que posiblemente, la mejor innovación docente que puede hacer un profesor dentro del aula un curso, es volver a sentirse persona, volver a respetarse a sí mismo y recuperar, tal vez, la ilusión por la gran tarea que tiene entre manos. Los alumnos cuando se marchan, no suelen recordar las horas frente a la pantalla, sino cómo les miramos, escuchamos o qué pasión pusimos en nuestro empeño. 
  1. Aquella que sitúa en el centro al ser humano; y por ello y ante todo, aquella que humaniza. Esta me parece clave, y por ello, pienso que deberíamos pasarlo por este filtro. Diferenciar de si algo suma o solo es ruido y fuegos artificiales. Que por ejemplo, ¿dices que esa aplicación contribuye a hablar más con los abuelos o los padres? ¡adelante!  
  1. Aquella en la que hacemos partícipes de la aventura a los propios protagonistas y a sus familias. Ya que es una cuestión de todos, y algunos por miedo o respeto a la incertidumbre de los resultados, prefieren no compartir abiertamente la novedad. Considero importante compartirlo como aventura que es. 
  2. Aquella que contribuye a alinearnos con las respuestas que nos hicimos al principio.  En definitiva, a ser coherentes, con el camino que deseamos marcar si atendimos al punto primero, 

En fin, porque no todo vale, porque no deberíamos llamarlo a todo innovación docente, porque incluso detrás de una acción puede esconderse una innovación “indecente”, os invito a innovar a tope… pero con una brújula en la mano, y no de cualquier modo.